De todos los archipiélagos que forman Polinesia Francesa, el de las Australes es el que queda más al sur y el último en ser descubierto por el hombre. Este rincón del mundo es de una gran belleza en cuanto paisajes naturales y también guarda muchos tesoros arqueológicos. Está conformado por las islas de Rurutu, Tubai, Raivavae y Rapa.
Rurutu
De clima templado y grandes plantaciones de cítricos, en esta isla se avistan ballenas de julio a octubre. A pesar de la modernidad que siempre lleva consigo el turismo, Rurutu ha sabido preservar sus tradiciones. Motivo de peregrinación es la gigantesca estatua del dios A’a en el ayuntamiento, tan sólo una copia, pues la original se encuentra en el Museo Británico de Londres. Las cuatro grutas que se encuentran en esta isla son de visita obligada por su gran belleza. No obstante, es conveniente acceder a ellas en compañía de un guía.
Tubai
Esta isla es conocida por sus fondos submarinos, ideales para la práctica del buceo. Al noroeste encontramos Fort George, donde los protagonistas del motín de la Bounty intentaron refugiarse. Muy cercana al pueblo de Mahe está situada la ermita de Santa Elena. Desde aquí pueden contemplarse unos maravillosos paisajes. Los amantes del senderismo disfrutarán haciendo una excursión al monte Tahita.
Raivavae
Esta isla sobresale en medio de una laguna de color esmeralda y es refugio para las aves marinas. Quienes aquí habitan se han puesto de acuerdo para pintar sus casas en colores pastel. Cuatro son las poblaciones que conforman este hermoso lugar: Rairua, centro neurálgico, Mahanatoa, anatonu y Vairu. Todas ellas habitadas por gentes amables, siempre prestas a acoger al visitante.
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