

© Joana Morillas
Mónaco se ha convertido estos días en un hervidero de cotilleos. La boda del príncipe Alberto con Charlene se mira con lupa, y más desde que se conociera que la nadadora intentó hasta tres veces emular a la novia a la fuga que protagonizó Julia Roberts. Sin embargo, su gozo en un pozo, pues no consiguió su objetivo. Algo, por otra parte, lógico, pues el soberano monegasco está permanentemente informado de todo lo que acontece en sus dominios.
Se dice que Wittstock dio la espantá cuando supo que su príncipe mantenía una relación sentimental con una mujer todavía no identificada. Fruto de la misma, habría nacido un tercer hijo. Nada más conocer la noticia, Charlene se dio cuenta de que el cuento de hadas que le habían vendido no era más que un espejismo, de ahí que intentara poner tierra de por medio.
Lo cierto es que en Mónaco no dejan de sorprenderse por los descuidos íntimos del príncipe que, hasta el momento, han dado como fruto dos retoños: un niño y una niña. El tercero está todavía por confirmar. No obstante, Alberto, como hombre de recursos que es, se excusa ante sus más íntimos alegando que tiene alergia al látex y de ahí que le sea imposible utilizar condones. Sin duda, impactante.
Y siguiendo con los comentarios, en Mónaco ha prendido con fuerza el rumor del supuesto embarazo de Charlene Wittstock, de quien se dice estaría en su segundo mes de gestación. Tampoco sería de extrañar, y más si tenemos en cuenta que la ya princesa comentó antes del enlace que soñaba con tener un montón de hijos con Alberto.
"El palacio no es lugar para un solterón", contestaba el fallecido Rainiero de Mónaco cuando se le preguntaba por la posibilidad de que su heredero no llegara a casarse. El soberano, durante un viaje que realizó a Sudáfrica en compañía de su hijo, tuvo ocasión de conocer y departir con Charlene. Cuentan que la joven le causó una excelente impresión. Eran los días en que empezaba a fraguarse la amistad entre la rubia y Alberto. Es innegable que la pareja se ha tomado su tiempo hasta pasar por la vicaría. Esperemos que, como en los cuentos, sean felices y coman perdices.
