

Escribía Karmele Marchante en sus Arquetipos y arquetipas que “El día que Ana Obregón salga a la calle y no encuentre ningún fotógrafo ni cámara que echarse a los higadillos, estoy segura, se quita la vida”. Aunque exagerado, a la periodista no le falta razón. Y es que la actriz no aguanta el ostracismo en el que se sumió cuando Interviú publicó una conversación que ella mantuvo con su ex guardaespaldas a propósito de Jaime Cantizano.
Aconsejada por su familia, Ana hizo mutis por el foro. Cambió de abogado y dijo adiós a la vida pública. No obstante, sus deseos de anonimato han durado menos que aquellos “dos peces de hielo en un whisky on the rocks”, que cantaba Sabina. La Obregón quiere volver por sus fueros y para eso no deja de conceder entrevistas a diestro y siniestro. Por supuesto, en todas dice que ha cumplido su sueño de llevar una vida alejada de los focos, pero la realidad es que se muere por ser el epicentro de la información. De otro modo no se entiende esta tourné que ha empezado por platos, revistas, periódicos y digitales.
Hace poco la vimos en el papel couché hablando de su experiencia en la boda de Alessandro Lequio. Después visitó a Jesús Quintero. Entre medias, también atendió a los amigos de Gente y ahora ha contestado a las preguntas de Nieves Herrero en El Magazine. Por cierto, un diez para la periodista, que está consiguiendo una gran repercusión cada semana con sus entrevistas.
Esta Anita la fantástica asegura que “hago estallar las bombillas. Tengo mucha energía”. Después nos cuenta que hace tiempo le dijeron que era “una cabeza de hombre atrapada en un cuerpo de mujer”. Y para rematar, recurre otra vez a Fernando Martín, según ella, el hombre por el que abandonó su brillante carrera en Hollywood. En fin, de traca.


