Nadie sabe cómo ha sido, pero el caso es que Aquí Hay Tomate se ha ido. La noticia se conoció el pasado martes y desde entonces las hipótesis sobre este adiós se suceden. La versión oficial habla de un desgaste en la audiencia y otros más osados apuntan a un cabreo borbónico, a la Pantoja, a un político y hasta a un señor de Cuenca que amenazó con cortarse los higadillos si el programa duraba una semana más.
Con su habitual sentido del humor, los tomateros echaron el cierre el pasado viernes rodeados por un nutrido grupo de amigos. Y es que fueron muchos los que quisieron acompañar a Jorge Javier Vázquez y Carmen Alcayde en el entierro del tomate. El plató se llenó de redactores, cronistas de lo rosa, directivos e incondicionales de la criatura que parieron Adrián Madrid y Oscar Cornejo.
No hubo manifestación a las puertas de Telecinco en pro del Tomate. La convocatoria no surtió efecto y tan sólo cuatro encantadoras señoras llegadas desde Granada testimoniaron con su presencia la pena que sentían por el fin del espacio que ha sentado cátedra en el corazoneo televisivo.
Como no podía ser de otra manera, un equipo de Sé lo que hicisteis también quiso recoger con su cámara lo que se cocía a la entrada de la cadena de Fuencarral. Natural, pues a partir de ahora van a tener que estrujarse mucho las neuronas para suprimir el contenido tomatero que con tanto ahínco han vilipendiado. Y es que, paradojas de la vida, los de La Sexta han acabado cayendo en lo que tanto han criticado. De ahí que ya se mofen hasta de los defectos físicos de los compis de lo rosa. Qué cosas, ellos que nacieron con el deseo de vengar a todo bicho viviente agraviado por los malandrines del corazón y han terminado siendo el moho del tomate,
pero no del auténtico, sino de una lata que ya estaba caducada cuando la compraron.
Una vez finalizó la última emisión de Aquí Hay Tomate, los protagonistas hicieron mutis por el foro. Y es que todos se marcharon para vivir su pena en soledad. Demasiadas lágrimas y emociones para un día que pasará a la historia y que ya ha quedado para siempre en nuestra retina.