

© Aurelio Manzano
Definitivamente, no todo lo que brilla es oro, ni siquiera en estos días de vacaciones religiosas. Desde hace una semana hemos podido ver a los Thyssen al completo, Borja, Blanca y la matriarca Tita, compartiendo junto al matrimonio Banderas la Semana Santa en Málaga.
Escama y extraña la actitud del matrimonio Thyssen-Cuesta por estar al lado de Tita, tanto en la inauguración de las obras del futuro Museo en Málaga, donde por primera vez los vimos coger una pala, como en las procesiones.
Hace unos días, pudimos ver a “la pareja que posa en el “hola” en la marcha del Trono de la Virgen de la Exaltación. Borja fue uno de los portadores del Trono, mientras que su mujer era la encargada como mayordoma de dar el toque a la campana que marcaba el inicio de la procesión. El hijo de la Baronesa, por un día, cambió sus camisetas apretadas ibicencas por la túnica reglamentaria que se exige a los costaleros. Hasta aquí, todo sería normal, y hasta plausible. Bueno, todo lo normal que resulta ver al joven matrimonio haciendo otra cosa que no sea posar en ropas sugerentes en reportajes o en el gimnasio.
Según me cuentan personas que presenciaron el acto, los malagueños no estaban demasiado conformes con que Borja y Blanca tuvieran tanto protagonismo en la procesión. Sin embargo, el problema vino cuando algunos se dieron cuenta que la pareja abandonaba la procesión tan sólo unos minutos después de su inicio en la parroquia de San Juan Bautista. Quienes conocen el paño aseguran que los costaleros suelen estar una media de 45 minutos, después son relevados.
Parece que Borja y Blanca consideraron que con unos minutos de presencia ya era suficiente para que los fotógrafos allí desplazados captaran su presencia. Sin embargo, al público presente no les gustó la actitud de la parejita y les increparon al grito de “Esto no es el Hola, no es el Interviú. No utilicéis la Semana Santa para limpiar vuestra
imagen. Poneros a trabajar” y otras perlas que por subidas de tono no oso reproducir en este artículo. Y es que debe comprenderse el cabreo de los malagueños, pues para ellos es un honor participar en las procesiones que tienen que ganarse, no como los niños Thyssen, que por ser vos quien sois, pues eso, costalero y mayordoma.
Lo cierto es que la baronesa está haciendo un gran esfuerzo por reconducir a su vástago, y podría decirse que, aparentemente, lo está consiguiendo. Con Blanca las cosas continúan igual, se trata de una relación donde no hay relación. Sin embargo, tanto ella como su marido tragan porque les conviene. Necesitan el parné de mamá Tita para costear su tren de vida. No obstante, querida Carmen, enhorabuena por tu esfuerzo en atraer a tu hijo a tu vera, pero te recomiendo que no sueltes la cuerda en forma de billetes tan rápido. Nada es lo que parece.