Buscar en esta sección
Prensa RosaPRENSA ROSA

Los Borbones: una historia de traiciones y desgracias

Disminuir el tamaño de letraAumentar el tamaño de letraEnviar a un amigoImprimir esta noticiaVer todas las noticias de esta categoría

El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

¿Conoces a algún famoso? Envíanos tu historia
Publicado: 28/11/2008

TODOELLAS.COM

© Joana Morillas

Cuando se cumplen veinte años de la muerte de Alfonso de Borbón, José María Zavala ha publicado El Borbón non grato (Altera), un libro imprescindible para entender la esencia, no sólo ya del protagonista, sino también de los Borbones.

El que ha pasado a la historia como duque de Cádiz nació del infeliz matrimonio formado por Jaime de Borbón y Emanuela Dampierre. Su infancia estuvo marcada a fuego por la separación de sus padres y también por la falta de cariño. En aquellos días, tan sólo las visitas a su abuela paterna, la reina Victoria Eugenia, constituían un oasis de felicidad para un niño que muy pronto descubrió que la vida era una carrera de obstáculos.

Como no podía ser de otra manera, Zavala aborda en El Borbón non grato la lucha que mantuvieron Juan y Jaime de Borbón por los derechos a la Corona de España. Fue el padre de los hermanos, Alfonso XIII, quien apartó al segundo de sus hijos, aludiendo a su sordomudez como disminución física y psíquica, en favor del tercero.

Hasta en cuatro ocasiones renunció Jaime de Borbón a sus derechos como heredero. Según el duque de Cádiz, ninguna de aquellas renuncias fue válida pues se realizaron bajo presión. Y es que parece que Juan de Borbón se aprovechó del carácter débil de su hermano para ofrecerle dinero a cambio de Corona.

Paradojas de la vida, el trono por el que tanto luchó don Juan de Borbón le fue arrebatado por su hijo Juan Carlos. Explica José María Zavala que padre e hijo no se hablaron durante un año por este asunto, y aunque el primero disculpaba al segundo en público, lo cierto es que siempre consideró una traición en toda regla que no le comunicara que Franco le había elegido como sucesor.

Mucho llovió hasta que se supo que el dictador había encontrado recambio en la persona de Juan Carlos. A los posibles candidatos formados por el hoy Rey y su fallecido padre, se unió Alfonso de Borbón, quien, muy sabiamente, cuando era preguntado por la cuestión, se limitaba a contestar que estaba al servicio de España.

El 15 de julio de 1969, don Juan Carlos fue designado sucesor a título de Rey en una ceremonia celebrada en La Zarzuela donde tan sólo contó con el respaldo familiar de sus primos Alfonso y Gonzalo y de Luis Alfonso de Baviera. Años más tarde, el duque de Cádiz recordaría aquel momento en el que “me era imposible en ese instante histórico no pensar en mi tío (don Juan), quiérase o no, suplantado por su propio hijo, cuanto tanto tiempo había temido serlo por su sobrino (duque de Cádiz)”.

Despejada la incógnita de la sucesión, Alfonso de Borbón volvió a sentir con fuerza el ostracismo social. Algo con lo que estaba acostumbrado a lidiar desde que era un niño. No le importaba, pero a Franco sí. Fue idea del caudillo alejarle de España. Le ofrecieron el puesto de embajador en Suecia y allí fue donde conoció a Carmen Martínez-Bordiú, su gran amor: “Y de pronto, en la noche polar, la vi aparecer como un rayo de sol español...”.

La boda entre Carmencita y Alfonso hizo temer a don Juan Carlos que el dictador cambiara sus planes para la sucesión. El entonces príncipe magnificó la presión que podrían ejercer la esposa, la hija y la nieta de Franco en favor de Alfonso ante el caudillo y sentenció: “Si dos tetas valen más que una carreta, imagínate seis tetas a la vez... Vamos a ver qué pasa”. Y no pasó nada. Simplemente todo se quedó tal cual lo dispuso Franco aquel 15 de julio de 1969.

Mientras Juan Carlos estaba metido de lleno en la tarea de convertir a España en una democracia, su primo Alfonso afrontaba la separación de Carmen. Después llegaría la pérdida de su hijo Fran, fallecido en accidente de tráfico. Menos mal que en el camino se encontró con Mirta Miller, quien le hizo todo más llevadero.

En su última Navidad, el duque de Cádiz le dijo a su madre: “¿Sabes, mamá? No quiero que me entierren en El Escorial, pese a que papá fue príncipe de Asturias. Quiero estar junto a mi pequeño Fran”. Un mes más tarde, Alfonso de Borbón fallecería mientras practicaba el esquí en las pistas de Beaver Creak. Aunque su amigo Tony Sailer le avisó de que frenara el descenso: “Alfonso, cuidado que abajo están trabajando”, no escuchó. “El empleado de la estación, Daniel Conway, manipulaba un cable de acero de unos cuantos milímetros de grosor que debía soportar la pancarta de meta al día siguiente. La cuerda metálica estaba ubicada a una altura de un metro setenta y cinco centímetros sobre la nieve. Sin saberlo, encaró la muerte como un cordero que iba a ser degollado”. Veinte años después de este suceso, todavía la sombra del asesinato planea sobre el adiós de Alfonso de Borbón.

 

Ficha técnica:

Título: El Borbón non grato

Autor: José María Zavala

Editorial: Áltera


Comparte esta noticia:
  • Enviar a Menéame
  • Enviar a Del.icio.us
  • Enviar a Technorati
  • Enviar a Digg
  • Enviar a Yahoo MyWeb
  • Enviar a Stumble Upon
  • Enviar a Fresqui
  • Enviar a Wikio
  • Enviar a Mister Wong
Disminuir el tamaño de letraAumentar el tamaño de letraEnviar a un amigoImprimir esta noticiaVer todas las noticias de esta categoría

El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player