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La duquesa Roja se casó in artículo mortis con su secretaria dejando un legado envenenado

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Publicado: 17/03/2008

TODOELLAS.COM

© Joana Morillas

Cuando Gabriel González de Gregorio y Álvarez de Toledo cruzó al umbral del palacio de Medina Sidonia un escalofrío recorrió su cuerpo. Otra vez en su mente se agolparon los recuerdos de su infancia, más propia de un personaje de Charles Dickens que del niño que nació de un matrimonio entre nobles.

Hacía veinticinco años que el hijo menor de la conocida como duquesa roja no se encontraba cara a cara con su progenitora. Sin embargo, quiso verla antes de que la incineraran: "Este encuentro no hubiera sido posible cuando ella todavía estaba con vida. Unos días antes de su muerte, mi hermana fue a palacio pero le negaron la entrada. Mi madre nunca nos perdonó que le ganáramos dos pleitos en el Tribunal Supremo. Era rencorosa".

La viuda de mi madre

Nada más entrar en la casa de los Medina Sidonia, Gabriel sintió las miradas inexpresivas de las chicas que formaban lo que él llama "la guardia pretoriana de mi madre. Me vigilaban con la aprensión que uno siente ante un reptil venenoso. Me dejaron hacer como si no me conocieran de nada. Saludé brevemente a mis hermanos y sobrinos y me planté ante Lilliana María Dahlmann, la mujer que durante treinta años ejerció como secretaria de mi madre. A mí la situación me pareció hasta divertida. Y más cuando supe que mi madre se había casado con ella in articulo mortis tan sólo dos horas antes de fallecer. Alguien me explicó que mi hermana Pilar se había pasado la noche llorando al enterarse de la noticia, pero yo no, porque ésa fue una las pocas cosas coherentes que mi madre hizo en vida".

La historia de desencuentros entre Gabriel y su progenitora se inició en la más tierna infancia: "Cuando nací, cuentan que mi madre le dijo a mi padre que ya había cumplido y se fue de casa. Desapareció y mis hermanos y yo nos quedamos al cuidado de nuestra bisabuela materna, Julia Herrera. Mis primeros recuerdos son de la casa de los Maura".

Según sople el viento

Todo era más o menos llevadero en la vida de los hijos nacidos de la unión entre la duquesa de Medina Sidonia y Leoncio González de Gregorio y Martí hasta que la bisabuela materna, que compartía la crianza de los niños con los abuelos paternos, falleció: "Entonces empezó nuestra pesadilla. Vivimos entre visitas a nuestra madre y la casa de nuestros abuelos paternos. Ella, para fastidiar a mi padre, nos hizo odiar las cosas que a él le gustaban. Aquello fue un infierno porque mi padre era un hombre autoritario que no entendía de caprichos ni cursilerías".

Lo cierto es que Gabriel no guarda un buen recuerdo de su madre: "Verás, era una mujer muy difícil; llena de conflictos internos y externos que nos salpicaron a nosotros. Te pondré un ejemplo: en cuestión de política se definía de izquierdas, pero se arrimó a la extrema derecha cuando le convino. En realidad, hablamos de alguien que cambiaba de orientación según el humor del que se encontraba. Al final de su vida ya sólo se regía por sus intereses y se arrimó a quien más poder tenía. Siempre recordaré que ella se definía a sí misma como una persona sin ideología alguna y también como una francotiradora".

Cuando el exilio son noches de fiesta

No fue fácil para Leoncio, Pilar y Gabriel la relación con una dama tan peculiar como la que les trajo al mundo: "Es lo que te explicaba antes: anteponía sus intereses a nuestras necesidades más básicas: alimentación y formación. Como cuando la metieron presa por cuestiones políticas. Ella explicaba que aquello era lo normal, pero ni mis hermanos ni yo lo vivíamos así. Más tarde nos dijo que se exiliaba y estuvimos varios años sin verla. Nos llegaban noticias de lo bien que se lo pasaba en el club Play Boy de Biarritz. Y yo, entonces, le perdí el respeto a su exilio".

En esa adolescencia plagada de ausencia materna y también de necesidades materiales, Gabriel y sus hermanos esperaban como agua de mayo alcanzar la mayoría de edad para cobrar la herencia de su bisabuela Julia y así emanciparse. El problema fue que el legado nunca llegó a sus manos: "Menuda sorpresa cuando descubrimos que la pasta se había esfumado. Adiós a la Universidad. Por fortuna mi familia paterna nos ayudó y decidimos no pensar en que nuestra madre había dilapidado lo que por ley nos pertenecía. Y eso que los ecos de sus fiestas en los clubs de París y Biarritz también resonaban en Madrid".

Divide y vencerás

Tirando del hilo y casi por casualidad, Gabriel descubrió que "tras el desfalco realizado por mi madre había mucho más de lo que mis hermanos y yo podíamos imaginar. La impostura era ofensiva y decidí que lucharía no sólo por lo que me pertenecía, sino también para desenmascarar a los hipócritas. Han sido muchos años de pleitos contra mi madre. Una mujer que siempre jugó al divide y vencerás. Desde luego, con nosotros lo consiguió, y a todos los niveles. En más de una ocasión sus presiones se llevaron por delante la resistencia moral y la decencia de mis hermanos. A mi hermana Pilar la convenció para que me traicionara a base de prometerle que podría consolidar el ducado de Fernandina. Fue una más de sus mentiras, porque ella se ha muerto y todo indica que mi hermana lleva camino de perder el pleito donde la rama primogénita le reclama el título".

El entierro de la duquesa roja no fue nada fácil para sus hijos. Gabriel me cuenta que "tuvimos que dar algún que otro codazo para poder llevar a hombros el féretro de mi madre, pues alrededor del mismo se agolpaban los voluntarios deseosos de sacar a la santa en procesión".

Arde la casa de Medina Sidonia

Uno de los momentos más difíciles de la jornada se vivió cuando Gabriel sacó una foto de la duquesa ¿roja? ya sin vida: "La viuda de mi madre, Liliana, se debió oponer, porque las abogadas de mi madre empezaron a darme la matraca con la fotografía. Mis propios abogados, mi hermano mayor... ¡Joder! Hacía veinticinco años que no la veía y era lo único que me iba a quedar de ella. Así que me guardé la foto".

Si lo explicado en este artículo les ha sorprendido, prepárense para la publicación de un libro que hará saltar por los aires los cimientos de la Casa de Medina Sidonia. Una familia de rancio abolengo cuyo destino bien podría haber sido trazado por los guionistas de Pink Flamingos al alimón con los de Dallas, Dinastía y la Familia Adams.

Al igual que ocurría en Mississippi Burning, el palacio de los Medina Sidonia también está a punto de arder. Falta muy poco para que salgan a la luz los secretos que durante años han estado guardados bajo siete llaves.


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