

Los duques de Lugo han decidido separarse temporalmente. De momento, la infanta y sus hijos residirán en el que fuera antiguo domicilio conyugal y el duque se quedará en el barrio de Salamanca.
Jaime y Elena vivieron gran parte de su noviazgo en París, ciudad donde el duque trabajaba para una entidad financiera. Pasó el tiempo y la pareja dio el paso de contraer matrimonio. Lo hicieron en Sevilla, una ciudad a la que la infanta siempre se ha sentido muy unida.
La felicidad de la pareja aumentó con el nacimiento de Felipe Froilan. Más tarde llegaría Victoria Federica. Sin embargo, la vida de los duques sufrió un duro revés cuando a Jaime le sobrevino un ictus cerebral.
Quizás buscando mayor privacidad, la pareja escogió Nueva York para la recuperación del duque. Sin embargo, la ciudad no surtió el efecto esperado y la palabra crisis sonó con fuerza. De hecho, en aquellos días, la infanta viajó en alguna que otra ocasión a Madrid buscando consuelo a su desconsuelo.
Aunque Elena y Jaime siempre han puesto al mal tiempo buena cara, todo apunta a que su relación no era tan idílica como han querido aparentar. Parece que tras las sonrisas se escondía una crisis sentimental que se ha recrudecido en los últimos meses y que ha desembocado en ruptura.
Quienes no deben estar pasándolo muy bien son los reyes de España, siempre contrarios a las separaciones. Sin embargo, no les va a quedar más remedio que apechugar con el disgusto. Eso sí, al menos se reservan el derecho de no hacer comentarios al respecto y tampoco emitir comunicado alguno anunciando la mala nueva.
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