© Joana Morillas
Hace algún tiempo que Eugenio Ortega Cano viaja semanalmente a Sevilla por cuestiones de salud. Allí ha encontrado a un médico que le ha acertado con el tratamiento. Como se recordará, el hermano del diestro está delicado. Pues bien, en el AVE que le devolvía a Madrid, Eugenio realizó una llamada de teléfono que pudieron escuchar los que viajaban en su mismo vagón.
Lo cierto es que las aguas bajan revueltas entre Ortegas y Mohedanos. Según explicaba Eugenio a su interlocutora, al llegar a Sevilla le esperaba el chófer que el torero le envió para acompañarle al hospital. Sin embargo, tan tensa es la situación que optó "por hacer como si no lo hubiera visto y me cogí un taxi". El chófer volvió a aparecer cuando Eugenio terminó su revisión médica. Esta vez sí aceptó que le llevara a la estación. Sin embargo, declinó la invitación que el conductor le hizo, en nombre de su hermano José, para comer juntos: "Cada vez que voy, la tengo con él. Así que... para qué ir".
Siempre amable con los medios, Eugenio no dudó en atender a los periodistas que siguieron sus pasos por Sevilla. Sobre este particular, comunicó a la mujer que se encontraba al otro lado del teléfono: "He dicho las cosas claras para que los Mohedano no sigan riéndose de nosotros". Y es que todo indica que él último tira y afloja entre las dos familias ha estado motivado por el cumpleaños de Gloria Camila, hija de José y la fallecida Rocío Jurado. Pues bien, la llamada que la niña hizo al programa ¡Qué tiempo tan feliz! ha disgustado sobremanera a algunos hermanos del diestro: "Imagínate que hicieron llamar a la niña. ¡Para que luego digan! Mi hermana Conchi le regaló una plancha de pelo a Gloria Camila, que le costó 180 euros, y de eso no han dicho nada".
La nota simpática del viaje la puso Eugenio al acercarse a una niña pequeña, la cogió en brazos y empezó a cantarle: "A mi burro, a mi burro le duelen los oídos...". Después, sobre el particular, comentaría a su interlocutora: "Mira, me he echado otra nietecilla. Es una niña muy simpática".
Por más que José Ortega Cano se empeñe en decir que todo está bien entre su familia y los Mohedano, la realidad indica todo lo contrario. El cuento de hadas que el diestro quiere vendernos se hace añicos al chocar con la realidad. Esperemos que después de esta crónica, el maestro no vuelva a salir diciendo que no se le tome nada en cuenta a su hermano porque no está bien. Ciertamente, chirría que siempre proteja a los Mohedano en detrimento de su propia familia. Al menos, en el caso de Eugenio, a quien ha dejado a los pies de los caballos en más de una ocasión.