

© Joana Morillas
La infanta Elena es otra desde que cesara la convivencia con Jaime de Marichalar. Una unión que hizo aguas cuando al duque le sobrevino el ictus cerebral. De eso hace ya bastante y hoy la pareja lleva caminos separados que no volverán a encontrarse. Y es que la primogénita de los reyes es de aquellas mujeres que no reculan tras la toma de decisiones.
A estas alturas de la película resulta absurdo negar que Elena de Borbón está más guapa que nunca y sus ojos tienen un brillo especial. Sin embargo, no es momento para hacer alardes de pasión, y menos cuando el padre de sus hijos es el vivo retrato de la tristeza.
El primero en hacer diana mediática en este asunto fue el periodista Saúl Ortiz, que escribió para Extraconfidencial.com lo siguiente: "Doña Elena pena su desconsuelo en brazos de sus selectas amistades, entre las que se encuentra un codiciado preparador de caballos, de nacionalidad portuguesa, al que la Infanta no duda en revelar todos sus grandes secretos. Su compañía no sólo le hace sentirse indestructible frente a la adversidad, sino también una mujer tan brillante como atractiva. Se conocieron hace más de un lustro y, pese al paso del tiempo, siguen tan unidos como el primer día. Sin embargo, los últimos acontecimientos en la vida de la aristócrata han propiciado que los encuentros y las conversaciones se hayan multiplicado ante la necesidad que Doña Elena tiene de saberse querida y respaldada. Su amigo, su viejo acompañante, le ha devuelto la sonrisa que nunca debió borrarse".
Todo apunta a que este "viejo acompañante" al que Saúl se refería en su artículo sea un atractivo caballero que ya ha sobrepasado la cincuentena. Está soltero y dicen goza de gran predicamento entre el público femenino, pues es
gran conversador y sabe escuchar.
Aunque pueda parecer extraño, no falta quien asegura que Elena y su paño de lágrimas ya se hicieron compañía en los tiempos en que ella era soltera. Sin embargo, parece que la diferencia de edad jugó en su contra y... "se acabó la diversión, llegó el comandante y mandó a parar". En fin, esperemos que ahora la infanta tenga más suerte. Quizás no le haga falta, pues a sus cuarenta y tantos ya no necesita autorizaciones que valgan y puede hacer lo que le salga de su real peineta.