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© Joana Morillas
Poco se imaginaba Isabel Pantoja que la policía se presentaría en su domicilio de Marbella para detenerla. La visita de los agentes se produjo a las once de la noche y media hora después la tonadillera fue trasladada a la Comisaría Provincial de Málaga en un coche con los cristales tintados.
A ciencia cierta, nadie sabe qué delitos se le imputan a Isabel. Se habla de un supuesto blanqueo de capitales que todavía no ha sido confirmado, pues las fuentes de la investigación observan un prudencial silencio que muy probablemente no se romperá hasta que la tonadillera preste declaración ante el juez Torres.
Lo cierto es que la detención de la Pantoja bien podría enmarcarse en la crónica de una noticia anunciada. Y es que ya hace varios meses que el asunto se convirtió en objeto de tertulia en algunos medios de comunicación. Sin embargo, todo indica que el instructor de la Operación Malaya no ha dado el paso hasta tener encajadas todas las piezas que conforman este puzzle de corrupción marbellí.
La vida de la artista dio un cambio radical cuando Julián Muñoz, entonces alcalde de Marbella, la contrató como imagen de la bonita localidad malagueña. A partir de ese momento, la prensa especuló con un posible romance entre el político y la tonadillera.
Como si de una pantomima se tratase, Julián compareció en rueda de prensa para negar que entre él e Isabel existiera algo más que una buena amistad. Sin embargo, todo se vino abajo el día en que Maite Zaldivar intervino en un programa de televisión para confirmar que su esposo estaba unido sentimentalmente a la Pantoja.
A partir de ese momento, la tonadillera y Julián no tuvieron ningún reparo en exhibir su amor en público. En aquellos días mucho se habló de unas supuestas prebendas que Isabel disfrutaba como novia del alcalde. Entre otras se incluía el uso de coche oficial y también el poder disfrutar del shopping a puerta cerrada. Cuentan y no acaban de cómo la pareja hacía que las tiendas bajaran las persianas mientras ellos permanecían en el interior.
Y mientras Isabel y Muñoz vivían su pasión a toda mecha, Maite Zaldivar largaba lo que no está escrito en televisión contra la pareja. De aquella época datan las ya famosas bolsas de basura que la rubia aseguró su marido metía en casa llenas de dinero. Unas declaraciones que marcaron un antes y un después.
El día en que la policía detuvo a Julián, Isabel lloró lágrimas negras. Sin embargo, a todos ha sorprendido que su dolor no la haya encaminado a la prisión donde su amado mora. En su descargo, los proclamados íntimos de la cantante afirman que todo obedece a un deseo de Julián,
quien no desea que su mujer pase por el duro trance de verle entre rejas.
Más enfrentada a la prensa que nunca, la tonadillera ha pasado los últimos meses evitando las preguntas de los reporteros asfálticos que siguen sus pasos. Para colmo de males, su hijo Kiko no deja de estar en el ojo del huracán por su afición al ocio y su poca devoción al trabajo. En fin, un panorama desolador.