

La revista Interviú publica esta semana un reportaje en el que se desglosa la fortuna de Javier Sardá. El periodista tiene un patrimonio valorado en cuarenta millones de Euros.
"Entre sus caprichos, los barcos, los aviones y los coches de época. Entre sus propiedades declaradas, una gran finca en Canet de Mar (Barcelona) y cuatro pisos en la Ciudad Condal", explican en la publicación del Grupo Zeta.
Pero no sólo las finanzas de Javier son tratadas en Interviú, también se da un repaso al carácter de este popular comunicador, del que aseguran que "cuando se pregunta sobre Javier Sardá en medios televisivos, la respuesta es siempre la misma. Nadie sabe nada. Con fama de hermético, Francisco Javier Sardá Tamaro, el showman más famoso de la televisión, es un hombre blindado. No concede entrevistas, no hace declaraciones y no quiere que nadie husmee en sus asuntos, hasta el punto de no tener cuentas bancarias a su nombre en España y ni siquiera figurar en el censo electoral. De él se dice, también, que es un hombre de gustos sencillos, muy amigo de sus amigos, respetuoso con su equipo y cariñoso con sus colaboradores".
El periodista catalán alcanzó grandes éxitos durante su etapa en la Cadena SER. De allí saltó a Telecinco, empezó presentando Moros y Cristianos, hasta que le propusieron hacerse cargo de Crónicas. No fue fácil convencer al comunicador de que aceptara el reto. Sin embargo, la persuasión del fallecido Joan Ramon Mainat logró que Sardá aterrizara en Marte.
Durante ocho temporadas, Javier ha estado al frente de uno de los programas que más polémica ha suscitado en la historia de la televisión. Especialmente duras fueron las críticas cuando Sardá hizo de Crónicas un paraíso del "no a la guerra".
Javier Sardá sólo ha estado casado en una ocasión. De esa unión nació su única hija, una preciosa niña a la que el comunicador quiere preservar del interés de los medios.
Muy poco o casi nada se sabe de la vida sentimental del periodista. Aunque algunas veces se le ha captado en buena compañía femenina, sería muy difícil dar el nombre de su última novia. Y es que Javier toma toda clase de precauciones para escapar de los objetivos de los fotógrafos.