Factores de Riesgo de la Menorragia

Redacción

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Los factores de riesgo de la menorragia incluyen desequilibrios hormonales, trastornos de sangrado, fibromas uterinos, y algunos métodos anticonceptivos. Estos elementos pueden llevar a episodios significativos, impactando la calidad de vida y requiriendo atención médica especializada.

Factores de Riesgo de la Menorragia

La menorragia corresponde al sangrado menstrual abundante y prolongado que manifiesta la mujer y que, si bien puede ocurrirle a cualquiera, es más probable que se presente bajo determinadas condiciones. Es por ello que a continuación hablaremos acerca de los factores de riesgo de la menorragia, los síntomas y causas que pueden desatarla, y las enfermedades crónicas que puede desarrollar una mujer que lo padece.

También discutiremos qué medidas pueden tomarse para disminuir la incidencia de los mismos y aminorar las probabilidades de que el problema se presente.

Factores de Riesgo de la Menorragia. Foto por eddows_arunothai. Envato.

Factores de riesgo en la menorragia

Por lo general, la menorragia suele ser provocada por un desequilibrio hormonal que da como resultado ciclos menstruales sin ovulación. En los períodos regulares, se libera un óvulo de los ovarios y esto estimula la producción de la hormona progesterona, la cual se encarga de mantener los ciclos menstruales regulares.

En los casos en los que no hay liberación de un óvulo, existe una insuficiencia de progesterona y esto puede ocasionar la aparición del sangrado menstrual copioso (3).

Factores que inciden sobre los ciclos menstruales anovulatorios

Entre los factores de riesgo que inciden sobre los ciclos menstruales anovulatorios y que, por consiguiente, aumentan las probabilidades de una menorragia, tenemos:

  • Inicio de la menstruación en adolescentes, quienes son más propensas a tener ciclos anovulatorios durante el primer año posterior a la menarquia o primera menstruación.
  • Cercanía a la menopausia, ya que se producen cambios hormonales que ocasionan ciclos anovulatorios.
  • Uso de anticonceptivos como el dispositivo intrauterino de cobre, el cual incrementa el riesgo de menorragia.
  • Uso de ciertos medicamentos, entre ellos anticoagulantes, quimioterapéuticos y anti-inflamatorios.
  • Desequilibrios hormonales (3).

Condiciones ginecológicas asociadas

Además de lo antes mencionado, entre los factores de riesgo en la menorragia se incluyen ciertas condiciones ginecológicas, tales como:

  • Pólipos uterinos.
  • Cáncer uterino, de cérvix o de la vagina.
  • Fibroides (5).
  • Endometriosis.
  • Infecciones en la pelvis.
  • Trastornos hemorrágicos.

Cómo disminuir la incidencia de los factores de riesgo en la menorragia

A los fines de reducir las probabilidades de desarrollar una menorragia, lo más recomendable es acudir a un médico o especialista en el área de ginecología, quien pueda evaluar si usted enfrenta uno o más factores de riesgo en la menorragia y, de esta manera, ofrecerle la solución más apropiada para garantizar su salud y su bienestar.

Las visitas regulares al ginecólogo, una dieta equilibrada, evitar el uso prolongado de ciertos medicamentos sin supervisión médica y mantener un estilo de vida saludable son medidas que pueden ayudar a prevenir esta condición (2, 4).

Enfermedades crónicas asociadas a la menorragia

Las mujeres que padecen de menorragia pueden estar en riesgo de desarrollar enfermedades crónicas, tales como:

  • Anemia, debido a la pérdida constante de sangre.
  • Infertilidad, si la menorragia es causada por condiciones subyacentes que afectan la fertilidad.
  • Problemas emocionales y de calidad de vida, como el estrés y la ansiedad asociados a la preocupación por la constante pérdida de sangre (1).

Consejos para controlar la menorragia

Controlar la menorragia es vital para mantener una buena calidad de vida y prevenir complicaciones a largo plazo. Algunos consejos útiles para manejar esta condición incluyen llevar un registro de los ciclos menstruales y el sangrado; utilizar productos menstruales adecuados para absorber el flujo abundante; mantener una alimentación rica en hierro y vitaminas para compensar las pérdidas; y seguir las indicaciones médicas en cuanto a medicamentos o tratamientos.

No menos importante, la comunicación abierta con un profesional de la salud puede proporcionar apoyo y orientación en el manejo de la menorragia (2).

Referencias

  1. Frick, K. D., Clark, M. A., Steinwachs, D. M., Langenberg, P., Stovall, D., Munro, M. G., & Dickersin, K. (2009). Financial and quality-of-life burden of dysfunctional uterine bleeding among women agreeing to obtain surgical treatment. Women’s Health Issues, 19(1), 70-78.
  2. Lethaby, A., Farquhar, C., & Cooke, I. (2000). Antifibrinolytics for heavy menstrual bleeding. Cochrane Database of Systematic Reviews, (4).
  3. Munro, M. G., Critchley, H. O., Broder, M. S., & Fraser, I. S. (2011). FIGO classification system (PALM-COEIN) for causes of abnormal uterine bleeding in nongravid women of reproductive age. International Journal of Gynecology & Obstetrics, 113(1), 3-13.
  4. Shapley, M., Jordan, K., & Croft, P. R. (2004). An epidemiological survey of symptoms of menstrual loss in the community. The British Journal of General Practice, 54(502), 359-363.
  5. Stewart, E. A. (2001). Uterine fibroids. The Lancet, 357(9252), 293-298.
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