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Jueves, 24 de Abril del 2014
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Wakaya, el paraíso

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Publicado: 10/08/2001

TODOELLAS.COM

Para muchos esta isla de las Fiji es el auténtico paraíso. Cuando parece que ya no quedan sitios donde relajarse, Wakaya se muestra ante nosotros con todo su esplendor.


Wakaya es una isla privada, hermosa y muy bien conservada. Durante mucho tiempo, este paraíso ha permanecido ajeno al mundo exterior. Este es el motivo por el cual sus bosques están intactos, sus playas resplandecen y el arrecife que rodea la isla no ha sido destrozado. El motivo de este aislamiento debe buscarse en su historia.

En 1789, llego a Wakaya, el primer explorador europeo, el capitán William Bligh, inmortalizado en el cine a través de Charles Laughton, Treword Howards y Anthony Hopkins, a causa de la aventura del Bountry. Cuando Bligh avistó Wakaya ya había ocurrido el motín. El capitán se encontraba en medio de su esforzada travesía entre Tahití y Batavia. Quiso poner pie en la isla pero los indígenas que la habitaban lo expulsaron violentamente y el lugar fue dado al olvido por parte de los europeos.

Casi cincuenta años después, el capitán Houghton compró la isla "a perpetuidad" al cacique local por la módica cantidad de doscientos dólares. Lo interesante del caso es que el Registro de la Propiedad de Fiji reconoce plenamente esa venta, por lo que Wakaya ha sido una isla privada desde entonces y lo seguirá siendo; para siempre y para disfrute de los elegidos.

Wakaya no es precisamente un islote de esos a los que se puede dar la vuelta en cinco minutos. En sus trece kilómetros cuadrados hay colinas de algunos cientos de metros de altura que acaban en precipicios imponentes, bosques donde los ciervos salvajes campan a sus anchas, y playas que parecen el último rincón del mundo. Este es el enclave que pueden disfrutar los clientes del Wakaya Club, el hotel más exclusivo del Pacífico.

Para llegar aquí sólo hay un medio: volar en una pequeña Cesna, que es toda la flota de Air Wakaya. El trayecto dura poco más de veinte minutos, desde el aeropuerto de Suva, la capital de las Fiji. Desde el aire, la isla parece una estampa sacada de un viejo álbum. Una masa de vegetación tupida cubre la mayor parte de su extensión y sólo destacan los trazos blancos de las playas. A su alrededor, aguas turquesas protegidas por una barrera de arrecifes. Todo lo demás es océano azul oscuro.

En el extremo norte apenas se distinguen las instalaciones del Club, casi escondidas entre las palmeras. Nada más salir del avión, el viajero recibe la bienvenida del director del complejo.Después, en un todoterreno, se llega al Club. Y empieza el descubrimiento de la isla. La pista atraviesa el bosque. Desde el primer momento uno se siente en un lugar privilegiado. No es raro encontrar alguna manada de ciervos salvajes durante el trayecto.

Aunque Wakaya es bastante grande se ha optado por crear uno de los hoteles con menos capacidad del mundo. Sólo ocho parejas pueden disfrutarlo. Las habitaciones son verdaderas casas, construidas según las características centenarias de la arquitectura tradicional fijiana. Las cabañas, llamadas mbure, se hallan a lo largo de una playa, a una conveniente distancia una de otra, en un inmenso jardín de palmeras y flores. Las mbure no tienen número. Han sido bautizadas con los nombres de las distinta flores que crecen en la isla. Todas tienen 4 habitaciones: salón, dormitorio, cuarto de baño y aseos.

Los menús están preparados, casi exclusivamente, con materias primas procedentes de la isla: pescado, verduras cultivadas en un pequeño huerto biológico o, incluso, carne de ciervo. Las comidas, consumiciones, la práctica del submarinismo y el juego del golf, están incluidos en el precio.

Al pasear por la isla es muy difícil cruzarse con otra persona. Los únicos habitantes de Wakaya son los trabajadores del Club, para los que se ha construido una pequeña aldea. El resto de la isla es un trozo virgen del Pacífico, donde pastan ciervos y caballos grises.




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