Es el culebrón del verano. Y es que la emisión de unas grabaciones, en el programa Sálvame Deluxe, donde podía escucharse como Pepa Jiménez mantenía una conversación privada con un tal Alberto Gutiérrez, han levantado una polvareda considerable. En las mismas, la periodista hablaba sobre Belén Esteban.
Tal como era de esperar, la mecha encendió. La rubia tertuliana dio rienda suelta a su lengua y puso a Pepa como los trapos. A la periodista le caen chuzos de punta. La acusan de ser la cabecilla de una trama para hundir a la Esteban, quien, cual Salomé, pide su cabeza en bandeja de plata.
De Pepa Jiménez dicen que es la responsable de todos los testimonios que últimamente han salido a la luz y que no han sido favorables a Belén. Léase, Verónica, la mujer que ha denunciado a Fran Álvarez, la hermana de una presunta amante de éste y Julián Fernández, biógrafo de la rubia.
Lo cierto es que esta teoría de la conspiración para acabar con la Esteban es de chiste. Aquí lo que ocurre es que se ha publicado un libro, Una chica de San Blas... y poco más (Akal), que ha hecho que se hable de Belén. Es cierto que no demasiado bien, pero así es la vida. Cuando das mucho la cara, te la parten. O lo que es lo mismo: si estás en los medios, hablan de ti.
En tiempos, las cámaras ocultas se pusieron muy de moda. De hecho, algunos de los que hoy aplauden que se haya hecho pública una conversación privada, ayer fueron víctimas de estas prácticas, y denunciaron. Pero todo pasa y nada permanece.
Para rizar más el rizo, el manager de la Esteban también ha sido señalado como el supuesto vendedor de las grabaciones a la productora que las emitió. Y lo ha sido por parte de Jordi Anjaume, que se proclama cerebro de toda la operación, aunque el que grabara fuera su compinche Alberto.
Ni corto ni perezoso, Toño Sanchís, de quien las malas lenguas dicen se muere por ser famoso, sentó sus reales en Sálvame Deluxe para defenderse de estas acusaciones. Eso sí, dio las gracias a Jordi y Alberto por el gran favor que le habían hecho a su pupila, quien, por cierto, entró telefónicamente y pidió que dejaran de hablar de su representante para seguir tirando a dar a Pepa Jiménez.
Son muchos los que aplauden que se haya hecho pública la conversación privada que mantuvo Pepa con Alberto. Sin embargo, los que alaban esta práctica, olvidan que les puede pasar a ellos. Seguro que si ocurriera, correrían a buscar amparo en los tribunales y deplorarían que algunos medios rosas actuaran como la KGB. La perspectiva cambia cuando el damnificado eres tú.
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