Temas de Hoy publica La mujer del héroe, el relato de Consuelo Alcalá, una mujer valiente que narra en primera persona su matrimonio junto al torero Jaime Ostos, que la sometió a malos tratos durante nueve años. Para ello se vale de la complicidad con el escritor Gaspar Sánchez y el psicólogo Bernabé Tierno, que la acompañan en esta crónica de violencia, vejaciones y humillaciones.
"Sólo he contado una mínima parte de lo que realmente me ha sucedido en la vida junto a Jaime, pero existen testigos -afortunadamente aún vivos- que pueden relatar muchos otros de esos ingratos episodios y que nunca dudaron en apoyarme a capa y espada si así fuere menester", asegura Alcalá. Y es que, a pesar de que la sentencia judicial del divorcio acusa al torero de "malos tratos de obra y de palabra, graves, injustos, y sobre todo habituales y constantes", muchos, hasta el propio implicado, siguen
negando la historia de esta mujer.
Las páginas de La mujer del héroe son una catarsis para Consuelo Alcalá, en la que asume y digiere sus años de maltratada y recupera la autoestima y el aprecio por la vida.
La primera bofetada
Fue el acontecimiento social del año 1960: una joven cordobesa de familia acomodada, Mª Consuelo Alcalá Rubio, se casaba con un torero de moda, Jaime Ostos. Papel couché, fotógrafos, grandes personajes de la época y felicidad de los contrayentes.
Consuelo tenía 17 años y había conocido poco tiempo antes al matador, que la hacía conquistado de una manera fulminante hasta llevarla al altar. Tras el banquete, la novia se enciende un cigarrillo y el torero le dice: "Ese cigarro lo tiras, porque tú no has fumado nunca... ¿entiendes?" Fue el primer indicio de la vida que le esperaba.
"La verdad es que hoy, analizando desde la distancia aquella actitud de Jaime, pienso que me debería haber vuelto para mi casa en aquel mismo instante, pues aquello deba comienzo a una historia de ninguneo y despersonalización que no era más que el inicio de unos malos tratos psicológicos que después llevan a todo lo demás."
Y todo eso llegó demasiado pronto. En la luna de miel en París, Consuelo le hace un regalo al torero que lo desdeña; ella se pone a llorar; "en aquel instante, como yo no podía cesar en llanto, me pegó. Primero me dio una sonora bofetada y luego un puñetazo y me dejó como una cosa perdida".
La vida con Jaime
El libro relata la transición del ambiente culto y literario y de respeto que vive en su infancia Consuelo Alcalá, en el seno de una familia acomodada, de izquierdas y relacionada con la intelectualidad de la época -el padre tuvo amistad con los huéspedes de la Residencia de Estudiantes, especialmente Lorca-, a su vida de casada.
De los amables referentes masculinos de la protagonista (su padre y su abuelo) pasa al infierno de su matrimonio con el torero. "Jaime me cautivó con su arma más preciada, la seducción, y me conquistó con una promesa que para mí significaba casi la supervivencia: la protección."
En el hogar, las escenas de maltrato psicológico se repetían constantemente: "Mi humillación comenzó en el momento en que Jaime consiguió vulnerarme psíquicamente. Era una sensación de tener siempre la culpa de todo, de ver cómo se quebraba la autoestima, de romperte por dentro. Me sentía francamente un ser inferior."
Luego llegaron los malos tratos físicos, con golpes, palizas y amenazas. "Y cuanto más brillaba Jaime en su carrera como matador de toros, más se crecía ante la vida, un crecimiento mal entendido. Jaime confundió el mito, se confundió a sí mismo, era incapaz de saber cómo debía comportarse en cada momento."
"El torero, el matador, en definitiva, el héroe español por antonomasia, habría de encarnar en la plaza el papel de macho poderoso que subyuga, humilla y finalmente vence al animal. Así Jaime, con el ego inflamado, más que inflado, ponía en práctica en su vida cotidiana las hazañas del albero profiriéndome todo tipo de vejaciones como si yo misma fuese un toro." Ni siquiera la llegada de los dos hijos de la pareja cambia la situación.
El renacimiento
"El maltrato que recibía me llegó a colocar en tal nivel de sumisión que acataba sin la más mínima resistencia todo tipo de peticiones, todas en contra de mi voluntad. De esta forma, me iba adentrando en ese círculo vicioso lleno de miedos y desesperanza en el que nadie podía ayudarme."
Jaime Ostos -parco, machista, introvertido y extremadamente vulnerable- "respondía por encima de todo al modelo de hombre caprichoso que perseguía casi obsesivamente un gusto o una idea determinado y que los quería conseguir a costa de todo y de todos. Era como si su misión en la vida fuera la de saciar un deseo inmediato".
Tras una brutal paliza, Consuelo Alcalá decide comenzar los trámites de separación en 1970, a pesar de la opinión de los demás. "Hay que tener en cuenta que a finales de los sesenta mi situación era vista por ellos como la de una mujer que había trasgredido una norma social, y cuando se infringe una norma, se produce el desprecio."
Tras la muerte de su abuelo y harta de aguantar, pide la ayuda de un médico psiquiatra y de varios abogados para confirmar las causas de la separación: "adulterio, sevicias físicas y morales, vida criminosa e ignominiosa y abandono malicioso". Ostos no admite jamás su papel de maltratador, pero con los testigos y las pruebas aportadas, el divorcio se hace efectivo en 1972.
"Nunca es fácil renacer, y no todos poseen, desafortunadamente esa capacidad. En primer lugar, yo tuve que luchar contra mí misma, mi pensamiento. Sin embargo, tuve que estar preparada psicológicamente para vencer esa lucha interna", dice la protagonista.
Aprender a vivir consigo mismo
Tras el divorcio, la vida de La mujer del héroe continúa con la crianza de sus hijos, el inicio de la carrera de Derecho y el intento de recomponer su vida y su identidad como mujer con un nuevo amor y una nueva hija.
En 1992 su existencia da un giro, al conocerse la historia de Aurora Díaz, que proclamaba ser la madre de una hija ilegítima de Jaime Ostos, llamada Gisela. El torero lo negaba todo, pero el ADN demostró la paternidad del diestro.
Para ayudar a Gisela y con la colaboración de la hija del torero y Consuelo Alcalá, María Gabriela, se crea la Asociación Profilium Nacional, que "nace con la idea de ayudar al acercamiento entre padres e hijos, y también de informar y asesorar jurídicamente a aquellas personas que reclaman un reconocimiento de paternidad".
Como presidenta de esta asociación y ejemplo de mujer maltratada, la protagonista adquiere un compromiso: "Intentar que estas cosas no pasen más." Según Alcalá, "la clave está en perdonarse el hecho de haber dejado que te ataquen. He dejado que me maltrataran porque no era yo", como confirma el psicólogo Bernabé Tierno en el epílogo del libro.
"Mucha gente me pregunta si el miedo al maltratador sigue existiendo; claro que sigue existiendo, pero ahora puedo salir, sabría cómo salir. Todos los golpes, las peleas, los daños físicos se terminan curando de alguna manera, lo que se queda es el sentimiento de indignidad, que es lo peor que una persona puede sentir. Me doy cuenta de que lo que más me ha costado ha sido perdonarme a mí misma, y ahora me llevo bien conmigo misma."
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